5.11.11

Sin fecha

Lo miré de reojo. Porque lo que yo estaba pensando era en comer unas galletas o en cómo salir a la calle o en cómo evitar la clase o en porqué mis dibujos eran robados. O qué era eso que llamaban amor y para mí no era más que ganas de hablar con alguien, de que alguien escuchara, de que alguien supiera que yo estaba ahí.
Y él estaba cantando eso que yo no sabía ni siquiera que quería cantar. Rompiendo todo lo que yo no sabía que quería romper.
Y sólo lo miré de reojo, pero enseguida entendí que su voz era la misma voz que tenía atorada en la garganta, que le dolía lo mismo que a mí me dolía y, por eso, el mundo parecía más habitable, y había oportunidad de nombrar las cosas y soñar que el paraíso era posible.

Eso era la adolescencia. El dolor, sí, pero la esperanza.

1 comentario:

Alejandra M. Fimbres dijo...

Que poético... me gustó mucho.