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Agua

A veces alguien la nombra y recuerdo que estoy en el desierto, que hace mucho estoy en el desierto, que no hay forma de salir.
Y sueño con un mar que no me toca.
Y sueño que llueve, pero lejos.
Abro los ojos y el sol los ciega sin piedad. Intento moverme y mi piel se resquebraja. 
Soy de arena.
Y sueño.

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CHE FECE… IL GRAN RIFIUTO*


Para algunos el día llega
en que tienen que dar el gran “SÍ” o el gran “NO”.
Quien tiene el “SÍ” dispuesto,
sobresale de inmediato y entra
al glorioso camino de sus convicciones.
El que rehúsa, nunca se arrepiente;
si de nuevo le preguntan, repetirá: “NO”;
y sin embargo, ese “NO” es la derrota de su vida.



* El título está tomado de la línea 60, canto 3, del Infierno de Dante. La línea completa dice: “Che fece per viltate il gran rifiuto” (“Quien por cobardía rehúsa”). Se refiere a Celestino, Papa electo en 1294. La inter-pretación de Cavafis es que Celestino abdicó por humildad y escrúpulo; por eso omite “per viltate”. Celestino fue canonizado en 1313 por Clemente V.


(Cavafis, Che fece... il gran rifiuto)

Moritz Aust Disturbed

Ahora el tiempo es otro.
Castiga pero de diferente manera.
Las hojas que se rebelaron con el último invierno
no hubieran podido resistir;
el eucaliptus, por más que haya crecido;
ya no alcanza la enorme altura de otras épocas.
Estará curvado como mis pies, que el esmero materno
grabara en su corteza más dura,
para que nada duela y
esta felicidad de andar
fuera un poco menos irreparable...

Pero todo es menor en este sueño.
Mi cuerpo se gasta como esos lechos que
soportan los ríos y el reflejo de los días
y las noches bellamente preparados para esto
que llamamos de universo, pero que es
una forma improvisada de amargura,
otra inocencia que va dejando marcas abiertas
en el aire. Y sin embargo nada explica.
Nada se oye desde su franja tímida,
como si cualquier aliteración pudiera
revelarme su estrategia: ¿África?
¿América Latina? ¿Quebrar yugos milenarios
con un palo de andar?

Perdí los mejores años de lucha.
Entre esas famosas combinaciones de la voluntad
nunca llegué a comprender el verdadero sentido
de mi vida. Hice poco y nada al fin.
El dolor individual ocupó la mayor parte del tiempo
que debí destinar al dolor colectivo de mi hermano.
Fui siempre solo,
siempre un hábito de la buena memoria.

El amor fue tan simple que no llegó nunca
a donde lo esperaba. Y lo vi tan abstracto, siempre
como un símbolo, una palabra única que le queda
demasiado grande a casi todos los actos
que pasan entre humanos. Hemos quedado solos
en un país remoto al que se llega
después de muchos sacrificios. No aquí
donde todo es tan simple que pasa a nuestro lado
y lo vemos desaparecer casi sin notarlo
entre las cosas naturales: una fotografía, una
calle empedrada o un bosque a lo mejor
de esos que se parecen a los sueños
con relación al tiempo, a los deseos de ser
acumulados por materia sensible, de dar
buenos frutos aunque sea tarde, y la luz
ya seca en las pupilas, en los follajes
advenidos en lluvias, en hileras de pájaros
despertados por mis nuevos crujidos, sea poca luz,
poquísima para alimentar tanta esperanza,
tanta promesa sin embargo existente...

Pero seguimos hasta alcanzar
el raciocinio de la desesperación.
Va lográndose el encuentro a través del más
duro combate. Y algo encontré andando
y pude sacar fuera de mí,
aunque después lo supe...

(Aquí el que escribe, pide disculpas y
hace un alta reflexivo antes de continuar
hasta agotar su tarea).

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(Hugo de Sanctis, Canción al prójimo)

Ceguera

Hiere la luz. El ancla. El viento que no tiene la fuerza suficiente para arrastrarte.
La imposibilidad.

Básico

El trabajador no es ni debe ser en las sociedades una bestia macilenta, condenada a trabajar hasta el agotamiento sin recompensa alguna, el trabajador fabrica con sus manos cuanto existe para beneficio de todos, es el productor de todas las riquezas y debe tener los medios para disfrutar de todo aquello que los demás disfrutan. Ahora le faltan los dos elementos necesarios: tiempo y dinero. (...)
Una labor máxima de ocho horas y un salario mínimo de ocho horas y un salario mínimo de un peso es lo menos que puede pretenderse para que el trabajador esté siquiera a salvo de la miseria, para que la fatiga no le agote, y para que le quede tiempo y humor de procurarse instrucción y distracción después de su trabajo. (...)


Ricardo Flores Magón, en Programa del Partido Liberal Mexicano  
proclamado en Saint Louis, Mo., EUA

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