28.12.12

Pasa el tiempo

Moritz Aust Disturbed

Ahora el tiempo es otro.
Castiga pero de diferente manera.
Las hojas que se rebelaron con el último invierno
no hubieran podido resistir;
el eucaliptus, por más que haya crecido;
ya no alcanza la enorme altura de otras épocas.
Estará curvado como mis pies, que el esmero materno
grabara en su corteza más dura,
para que nada duela y
esta felicidad de andar
fuera un poco menos irreparable...

Pero todo es menor en este sueño.
Mi cuerpo se gasta como esos lechos que
soportan los ríos y el reflejo de los días
y las noches bellamente preparados para esto
que llamamos de universo, pero que es
una forma improvisada de amargura,
otra inocencia que va dejando marcas abiertas
en el aire. Y sin embargo nada explica.
Nada se oye desde su franja tímida,
como si cualquier aliteración pudiera
revelarme su estrategia: ¿África?
¿América Latina? ¿Quebrar yugos milenarios
con un palo de andar?

Perdí los mejores años de lucha.
Entre esas famosas combinaciones de la voluntad
nunca llegué a comprender el verdadero sentido
de mi vida. Hice poco y nada al fin.
El dolor individual ocupó la mayor parte del tiempo
que debí destinar al dolor colectivo de mi hermano.
Fui siempre solo,
siempre un hábito de la buena memoria.

El amor fue tan simple que no llegó nunca
a donde lo esperaba. Y lo vi tan abstracto, siempre
como un símbolo, una palabra única que le queda
demasiado grande a casi todos los actos
que pasan entre humanos. Hemos quedado solos
en un país remoto al que se llega
después de muchos sacrificios. No aquí
donde todo es tan simple que pasa a nuestro lado
y lo vemos desaparecer casi sin notarlo
entre las cosas naturales: una fotografía, una
calle empedrada o un bosque a lo mejor
de esos que se parecen a los sueños
con relación al tiempo, a los deseos de ser
acumulados por materia sensible, de dar
buenos frutos aunque sea tarde, y la luz
ya seca en las pupilas, en los follajes
advenidos en lluvias, en hileras de pájaros
despertados por mis nuevos crujidos, sea poca luz,
poquísima para alimentar tanta esperanza,
tanta promesa sin embargo existente...

Pero seguimos hasta alcanzar
el raciocinio de la desesperación.
Va lográndose el encuentro a través del más
duro combate. Y algo encontré andando
y pude sacar fuera de mí,
aunque después lo supe...

(Aquí el que escribe, pide disculpas y
hace un alta reflexivo antes de continuar
hasta agotar su tarea).

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(Hugo de Sanctis, Canción al prójimo)

1 comentario:

Miguel Soriente dijo...

He robado amor, dinero, alegrias ajenas, tierras de quien mirá cómo lo roban. He robado de todo y me dicen Señor. Soy un ladrón. Hoy quiero robar tiempo y no puedo. ¿Qué hago? porque se me esta acabando.