2.5.09

En casa

Estos días no son lo que debieron ser. Debí hablar de lo bien que me fue en la Feria San Marcos de Tuxtla Gutiérrez. Debí ir con Aldán a darle un abrazo y no despegarme de él hasta que me llevara en calidad de sanguijuela a su premiación. Debí discutir sobre la antología de mujeres. Debí hacer un artículo sobre la reciente reforma constitucional sobre el derecho a la cultura. Tenía que haber estado en la calle, o en casa tranquilamente leyendo blogs o mandando correos, revisando textos, fotochopeando imágenes...
Pero... bueno, ése pero.
Tardé en enterarme de qué pasaba. Primero porque andaba muy a gusto de paseo. Después porque me cambiaron mi rutina llegando a casa (sin trabajo de lunes a viernes, con mi hermana enferma, sin coche, Daniel que no quiere ir con su papá).
He estado encerrada con mi hijo y hemos sólo salido para lo estrictamente indispensable, con tapabocas, claro. Bueno, más o menos. Tengo una tienda frente a mi casa y fui por leche así, como desnuda (o así me veía el de la tienda, los vecinos, vivo en la cuadra más obediente de la ciudad). Nos lavamos frecuentemente las manos, limpiamos la casa, no saludamos de mano ni de beso (a los demás, porque entre nosotros nos besamos a la menor oportunidad).
Dice Guillermo Vega que esto saca lo mejor y lo peor de cada uno. Me quedo pensando en eso. Lo peor de mí salió enseguida: no sé estar en casa, me aburro, me desespero. No es el miedo a la enfermedad lo que me deja ansiosa e incapaz de trabajar. Es la angustia de creer que no hay salida.
Pero, hace un momento llegué al trabajo (mi trabajo de los sábados), me senté en mi silla y me relajé un poco. Ya en territorio seguro, y con la posibilidad de ir como siempre al café, parece que incluso hace un poco menos de calor.
A veces quiero creer que es la prudencia lo que no me hace brincar de inmediato y ser una rebelde que se oponga a todo lo que diga la autoridad. Aún no sé qué pasa, cierto, no me atrevo a juzgar todavía si las medidas que se han tomado son insuficientes, autoritarias, absurdas... pero no significa que crea en todo lo que se dice, ni que el tapabocas me vaya a silenciar.
Leo notas que me tranquilizan, pero tampoco sé si sólo es porque dicen lo que quiero oir. Aunque desde luego, presto más atención a los especialistas médicos que a Fecal.
De camino para acá, vi a unos novios entrando a San Antonio. Un señor, con tapabocas, llevaba la canasta de las ofrendas llena de tapabocas. La ciudad está en silencio. Estoy cansada del tema.
Antes de cada paso que doy, pienso en mi hijo. Hago todo lo posible porque esté bien, que no pierda la salud, que aprenda, que se divierta, que crezca... quisiera ser capaz de cuidarlo como se debe, o por lo menos, lo mejor que pueda.
Pero ya, déjenme salir.

3 comentarios:

tazy dijo...

bonito, bonito, me gusta cuadno relatas. hoy yo fui a un centro comercial por frutas. todos con cubrebocas. las frutas marchitas. buuuuuuuu

Anónimo dijo...

HAMLET:

Not a whit, we defy augury: there's a special providence in the fall of a sparrow. If it be now, 'tis not to come; if it be not to come, it will be now; if it be not now, yet it will come: the readiness is all: since no man has aught of what he leaves, what is't to leave betimes?

GAB dijo...

Te acuerdas de Pascal? "los males del hombres vienen de no saberse estar solo en su casa"... pero tienes razon hace falta salir!!
un saludo