14.10.06

Diez años

El 13 de octubre de 1996 fue domingo. No recuerdo a qué hora me desperté, qué comí, qué hice durante el día. Pero a las ocho de la noche fue la presentación de mi primer poemario.

Fue en la Casa de la Cultura, la presentación de toda la colección de Voces Abiertas. Era una mesa de nueve personas. Gustavo dice que teníamos cara de asustados. Yo no lo recuerdo así.
De los que estaban en la mesa a los únicos que conocía entonces era a Gallo, Rodolfo, Arturo y Rubén. Ahora hablo más con Sofía, Juan Carlos y Gustavo.
Yo no llevé mis lentes y a la gente que asistió no le distinguía el rostro. Pero ahí estaba mi mamá, Mireille, Jesús, el Chamán. Ahora no recuerdo a nadie más. Cómo festejamos después tampoco. Ninguno de nosotros llevaba cámara (qué falta de cooperación con la posteridad), la única foto que tengo es del recorte de un diario, no sé de cuál porque no lo saqué yo sino la mamá de Gallo.
Lo que sí recuerdo es que en la mesa todos estaban muy serios, encorvados, concentrados. Yo muy derechita sentada casi en la orilla, como una niña obediente a la que dijeron ahí espéranos, y ahí esperé, apretando los labios, sonriendo, buscando la mirada de mis amigos, hojeando el librito que me acababan de entregar.
No volvería a presentar nada en Casa de la Cultura hasta 2004, en un patio semivacío, un libro que no llegó para su venta.
Esto debí postearlo ayer, pero fue noche de otras nostalgias. Bueno, se cumplen ya 10 años de aquella presentación, la primera para mí y para la mayoría de quienes integraban la colección. Diez años que recuerdo desde la crisis de mis treinta.
Sonrío al ver a la que fui. Me confunde verla tan distinta a mí, tan distante. Me dan ganas de correr a abrazarla, de decirle que la quiero, como se quiere a una sobrina linda que no se frecuenta mucho.
En ese entonces íbamos a La Parroquia a beber litros y litros de café, entre el humo de Delicados sin filtro y las carcajadas de Gallito. Íbamos a Casa Terán y ahí yo pedía un flan napolitano, el más delicioso que he comido. Eran las tardes que le robaba a la Universidad, las tardes de vagancia decía mi familia. Mis tardes.
Muchísimos proyectos: talleres, revistas, grupos, presentaciones… por eso me hace gracia que todavía hablemos de lo mismo.
Ya no hay con quién ir a holgazanear en los cafés. Casi todos adquirieron la fea costumbre de trabajar turno completo.
De quienes publicamos en esa colección me sorprende (me da gusto) que todos seguimos en la necia, escribiendo. ¿Qué tanto nos hemos alejado de La inocencia del escorpión, El león de oro, No había mar, Resurrectio, Espejismos, Casi verde?

6 comentarios:

Anónimo dijo...

"Nosotros los de ayer, ya no somos los de antes"

O algo así, por más que me la repiten no recuerdo como es

Yo voy a los cafés a echar el rol, nomás que no cuento porque no soy poetiza... ni literata, snif snif

Anti Zarigüeyas dijo...

No importa que no seas escritora Eve... a los cafés se va a ver poetizas (trad. madrizas de poetas cortesía: armando hoyos).

Para mí, Arlette, tú sigues siendo la misma, nomás que más viejita jejeje, y yo también recuerdo esos tiempos con nostalgia, pero siempre, sobre todo, vas a ser la mejor, te quiero hermanita =*

Anti Zarigüeyas dijo...

P.D.
A mí sí me gusta ir a flojear a los cafés nomás que no me invitan =(

Anónimo dijo...

Pos ya que estamos en eso, ámonos al café!!
nomás que hay que llegar antes de que empiecen esposas desesperadas jujujujuju

Luis Boiler dijo...

Yo llegué casi después. Ahí atrasito, tratando siempre de alcanzarlos sin conseguirlo. Persiguiendo los talleres a los que nunca me invitaban. Después de ustedes, pero antes de los chocos. Soy el escritor hidrocálido sin generación. Pero igual los admiraba, a todos, toditos los de ese grupo. Me compré la colección completita, y creo que aún la tengo por ahí. Tu lamentas (sin deberlo) que te quedó pendiente el SGD. Yo lamento (sin quererlo) que nunca fui un Voces Abiertas.

Karla dijo...

Como ha pasado el tiempo!! Esa noche conocí a mi primer novio, Jesús se llamaba. En "La Parroquia" hablamos de todo y de nada, lo siento Arlette, pero lo que menos escuche fué la presentación de tu libro. Tres semanas después hicimos una lunada en tu rancho..¡Que tiempos!