8.3.11

Sucede

Yo no podría sentarme a mirar
cómo se desmorona la casa

quisiera correr a gritarle a todos
que los cimientos tiemblan
igual que los amados a punto de morir.

Pero son tan pocas mis fuerzas
estoy tan agotada

que cierro los ojos
abrazo mis piernas
y canto como la niña triste
que no he dejado de ser.

1 comentario:

jildardo dijo...

Desgarrador, pero hermoso, pero en más de las veces necesario, para que el ave Fénix mueva sus alas.
SALUDOS